sábado, 23 de septiembre de 2017

La faceta emocional del nacionalismo


El nacionalismo es cuestión de emociones 

Se habla a menudo de que el nacionalismo es difícil de tratar ya que es más una cuestión de emociones que de razones. Yo lo comparto. No hay, en el caso español, razones de fondo que lo expliquen. No hay opresión, marginación, diferencias raciales, culturales o económicas... Es un sentimiento, dicen.

Lo que no comparto es que las emociones no se puedan tratar.

En el caso individual la psicología suele utilizar lo que llaman la terapia cognitiva, que viene a decir: "El postulado central de la terapia cognitiva es que las personas sufren por la interpretación que realizan de los sucesos y no por estos en sí mismo", es decir, que nuestros sentimientos derivan de ideas distorsionadas que nos repetimos.
Y recomiendan para su tratamiento la reestructuración cognitiva: "Señalar los estilos de pensamiento disfuncionales y ayudar a identificar los pensamientos automáticos (pensamiento polarizado, generalización, magnificación y personalización, etcétera)", es decir, el camino es desmontar las distorsiones, los autoengaños. 

La cuestión que planteo en mi libro (Emociologías) es que se puede trasladar el análisis de la psicología personal a la sociología política ¿acaso los grupos sociales no reproducen los mismo mecanismos sentimentales








Análisis emocional aplicado a la política 

Una vez aceptado el carácter emocional y el enfoque cognitivo derivado, veamos qué puede aportar

Hay un elemento fundamental que es el mero enfoque. Suelen decir que el planteamiento correcto de un problema es ya media solución. Por ello propongo una palabra para designar las estructuras complejas de manipulación emocional que circulan por la vida política.
Es difícil enfrentar lo que no se concreta y nombra. Demagogia es una palabra demasiado genérica, populismo demasiado particular, campañas de propaganda hay de todo tipo e ideología incorpora siempre facetas prácticas racionales. Así que a falta de una palabra existente, la he inventado: Emociología.



Derivado de este enfoque, propongo tres elementos básicos que entiendo que nunca deberían faltar: diagnóstico compartido, mapa de emociologías y tipos de respuesta.

   - Diagnóstico emocional del problema. Es preciso consensuar un mínimo diagnóstico del problema que reconozca su base emocional, de demagogia sentimental. Algo bastante generalizado pero aun no consensuado por partidos y analistas políticos.
Pondré algunos ejemplos de análisis particular.

Alguien de tan dudoso antinacionalismo como Tarradellas: "debido a determinadas propagandas tendenciosas y al espíritu engañador que también late en ellas... la demagogia y la exaltación de un nacionalismo exacerbado...utilizando un truco muy conocido y muy desacreditado, es decir, el de convertirse en el perseguido, en la víctima"
 


Un catalán del entorno de la cultura como Boadella: "Si no han estado sumergidos en un cotarro parecido, es imposible percibir como se disfruta formando parte de la minoría amenazada por este supuesto enemigo común" 

O mi propio juego con un símil.
Un nacionalismo consentido

Pero todo esto son artículos de opinión personal. Falta una declaración de consenso.

 
   - El mapa de emociologías. Está relacionado con lo que la psicología denomina reestructuración cognitiva. La idea es que para entender un problema emocional hay que tener claras las emociologías involucradas, los distintos grupos de engaños que circulan. Por ejemplo, en el caso de los nacionalismos españoles se pueden apreciar al menos cuatro grandes emociologías:

    + Nacionalismo: todo sería fantástico si no fuese por los otros, los “no de aquí”, que además son muy poco atractivos.
    + Secesionismo: puesto que el nacionalismo es incuestionable, todo es aceptable para conseguir sus fines.
    + Filonacionalismo: no soy nacionalista... pero lo nacionalista 'mola', no como lo español. Se suele apoyar en dos distorsiones contradictorias entre sí: (en local) 'el nacionalismo es tan fuerte, con tanto apoyo social, que resistirse sólo aumenta la crispación'; (a nivel nacional) 'el nacionalismo es minoritario y debe ser protegido con criterio multiculturalista, ayudándoles a defender lo diferencial'.
    + Antinacionalismo: quien no responda al nacionalismo con sus mismas armas es un traidor, un cobarde, un pusilánime… 



    -Los tipos de respuesta. El problema suele parecer irresoluble ya que sólo se plantean dos tipos de respuesta: alimentar emociones similares pero opuestas para chocar y vencer o aceptar su sinrazón como buena y apaciguar con concesiones. Es decir, un planteamiento puramente político (enfrentarse o someterse), no emocional.
Yo al menos detecto cuatro grandes grupos de respuestas emocionales, de las que sólo una me parece práctica a medio plazo, la asertiva:

    + Respuesta agresiva. Promocionando una emociología contraria.
    + Respuesta pasiva-agresiva. Intentando satisfacer a quien presiona emocionalmente llegando a presionar a quien se oponga.
    + Respuesta buenista/voluntarista. Confiando en que la bondad humana resuelva el problema si no hacemos nada.
    + Respuesta asertiva. Combinar la firmeza para no realizar cesiones frente a la presión emocional con una permanente apertura a reconducir el tema hacia la racionalidad. Y, por supuesto, no renunciar nunca a la reestructuración cognitiva, a desmontar los engaños.


Conclusión 

La conclusión es que nacionalismo no se está tratando hoy día con un mínimo rigor emocional.

Se combinan acertadas aportaciones a la reestructuración cognitiva, como el magnífico editorial de El País, con el despliegue de nuevas distorsiones tipo "nación de naciones" que reafirman el cuerpo esencial del autoengaño nacionalista (somos una nación a la que no permiten su soberanía)

Se mezclan constantemente respuestas asertivas con agresivas o pasivas.

Se exigen resultados inmediatos cuando las prisas son malas consejeras en situaciones emocionales. Lo que no es racional no se resuelve con una negociación práctica, no se resuelve con diálogo aunque este deba estar presente. Lo que hay que conseguir son respuestas asertivas y clarificadoras que poco a poco vayan ayudando a reconducir la situación.

Por supuesto, el enfoque emocional no es el único a tener en cuenta. Hay tambien facertas prácticas (Deconstruyendo el nacionalismo) e incluso de política internacional como estamos viendo hoy día con la influencia de Rusia. Pero sin duda falta un enfoque puramente emocional y puede aportar mucho.